28 de noviembre de 2010
El párpado de la materia
El peso de una pluma, la mera gravedad de la masa de su materia, cabalga alocadamente sobre la crin de mi alma y se me pega a las costillas... me las presiona levemente, tan leve, que casi no puedo respirar.... sin embargo, es tan solo cuestión de fracciones de milésimas de segundo, es tan efímero... que no logro saborearlo. Es todo tan corto, que no consigo percibir con claridad el dolor que me produce una tras una, pluma tras pluma, peso tras peso, sino que sólo puedo apreciar su conjunto como una leve punzada en el abismo de lo irreversible. Sus realidades se me desvanecen cuando intento separarlas del TODO del que forman parte... soy incapaz de enhebrar la aguja en sus correspondientes orificios y deshacer la cadena. Ni tan si quiera la eternidad del momento en la que me disfrazo me sirve para realizar mi cometido. Todo es deplorable, tan sumamente decrépito, que hasta en las mismas entrañas del Leviatán se estaría mejor que mirando al firmamento...
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